El uso recreativo de las drogas por los jóvenes ha existido por lo menos desde el surgimiento de los movimientos contraculturales de los 60. Sin embargo, en las dos últimas décadas han aflorado nuevos patrones de ocio asociados a la aparición de música electrónica de baile (dance music) y al consumo masivo de sustancias estupefacientes. Según el informe del Observatorio de Drogas de la Unión Europea, la tendencia a consumir drogas estimulantes entre los jóvenes que frecuentan discotecas es 10 veces superior a la de la población juvenil en general.

En algunos casos la evolución de la música de baile no se puede separar de la historia de ciertas drogas asociadas a ella. Es el caso del éxtasis o MDMA, cuya popularización en el Reino Unido de finales de los años 80 fue un claro catalizador de la explosión y el auge de las raves, aquellas concentraciones multitudinarias celebradas de forma ilegal a las afueras de las grandes ciudades que perseguían romper el elitista círculo de clubes de las capitales y que nacieron como vía de escape de fin de semana para la frustrada working class británica.
